08 julio 2009

Este de Java

El viaje a los volcanes de la parte Este de Java comenzó el viernes pasado por la mañana, con un vuelo desde Singapur hasta Surabaya, donde aterrizamos sobre las 9.30.




Mis compis de viaje, Ana y María



Desde Surabaya cogimos un autobús que nos llevo a Probolingo en dos horas, desde donde ya nos habian dicho que podiamos coger un Tour organizado para los siguientes dos dias y medio, viendo los principales volcanes y terminando en Bali (hay que decir que llegamos a Indonesia con absolutamente nada reservado de antemano).

Compramos el tour este por 500.000 rupias indonesas (35 euros) que incluia, atención:

Dos noches de hotel + desayunos
Transportes en mini-van y jeep
Ferry desde Java a Bali
Bus hasta Denpasar (la capital de Bali)

Como podeis ver, Indonesia es increiblemente barato…

Así pues, nos montamos en la furgo-batmovil...



...y nos llevaron hasta Cemoro Lawang, un pueblo que había justo en el borde del enorme cráter (llamado “Tengger caldera”) en el que se encuentran, a la izquierda y humeado, el monte Bromo; y a la derecha el monte Batok.







El paisaje recuerda un poco "Mordor", no?

El día lo terminamos dando unas vueltas por el pueblo, haciendo las clásicas fotos saltando (tradición que explicare otro día más adelante) y echándonos pronto a dormir, ya que el dia siguiente nos levantabamos a las 3:30 de la madrugada…




Tras el Madrugón, nos recogio un jeep para atravesar la planicie del cráter y subir hasta el monte Penanjakan, desde donde vimos el amanecer sobre la “Tengger caldera”. Muy bonito pero un poco aborrotado de gente.



Volvimos al Jeep, que de nuevo bajó al cráter para dejarnos a los pies del mt. Bromo, que como podeis ver todavía esta activo.







La cantidad de arenilla volcánica convirtió a mis chicas en beduinas por unos momentos




Off-topic: con tanto volcán no pude parar de recordar las famosas líneas de Montgomery el campesino: “Oh yeah baby, soy un volcán


Ya terminado de ver todo esto, y con una ducha y desayuno en el cuerpo, salimos de vuelta hacia Probolingo, y de alli dirección Este hasta para ver en teoría unas aguas termales y una cascada, aunque luego no dió tiempo y tuvimos que dejarlo para el día siguiente.

Un madrugón después, fuimos a ver el pueblecillo de las aguas termales (Hot Springs) y la cascada.






Aquí unas niñas del pueblo




Despues fuimos ya directos hacia el lago Ijen. La mini-van nos dejaba a los pies del monte, desde donde hay que hacer tres kilómetros de subida a pie.

Por el trayecto, te vas cruzando con hombres que cargan pedruscos de azufre montaña abajo. Estos pedruscos están recién sacados de una mina de azufre que hay al lado del lago, y los venden por menos de tres céntimos de euro cada kilo!!!



Hacen dos o tres viajes al dia, con unos 80 kilos encima en cada viaje (!) por lo que ganan (80 * 0.3 * 2 =) menos de cinco euros al dia.



Esta es una de las peores imagenes que he visto desde que estoy en Asia. Me dio mucha pena, es increible que en el siglo XXI sigan existiendo trabajos como este, en el que ademas bajan el azufre sin ningun tipo de protección y terminan con quemaduras. Totalmente inhumano. La esperanza de vida de estos hombres debe de ser mínima...

Hay más informacion y un reportaje fotográfico muy bueno en la web the The Big Picture


Siguiendo la ascension, pudimos ver las increibles vistas del mar de nubes que rodeaban nuesto monte (Kawah Ijen) y los picos de alrededor.





Amor entre las chicas


Despues de los tres kilómetros de subida llegamos finalmente al cráter



Y aquí las increibles vistas del lago Ijen.



Acabo de leer que el color turquesa del agua puede cambiar a tonos más marrones, lo que indica una mayor actividad del volcán...




Y aquí la mina de azufre, a la que no quisimos acercarnos mucho ya que incluso desde el borde del cráter ya podiamos notar el olor a azufre y un poco de picor en garganta y ojos...








Tras el descenso, subimos de nuevo a la mini-van para ir hasta la ciudad de Banyuwangi (nombre que no se por qué pero me hace gracia), desde donde cruzamos a Bali en Ferry, y luego casi 4 horas hasta llegar a Denpasar, la capital de Bali.

En Bali, tiempo justo para darnos una ducha en el hotel de María (que se ha quedado una semana más por Bali), ir a cenar a mi querido Kudeta, y vuelo nocturno de vuelta a Singapur.


En resumen, un viaje un poco duro teniendo en cuenta la cantidad de horas en mini-van y el pésimo estado de las carreteras indonesas, pero que desde sin duda ha merecido la pena. Por los paisajes, por el buen humor del viaje, por volver a sentir un poco de frío al aire libre (rozamos los cero grados en el primer madrugón)... y por Indonesia en general, que sigue siendo mi país favorito de todo el sudeste asiático.